Pequeña reflexión y un superpoder

La última vez que escribí en el blog fue el primer día de guardería de Mr Pequeñito, una de las experiencias más horribles por las que he pasado en mi vida. Tener que dejarle, que le cuidaran otras, que fueran otras quienes le dieran de desayunar, comer y merendar, quienes limpiaran sus cacas, fue como perder una parte de mí.

Pero el tiempo todo lo cura, desde entonces me he acostumbrado a casi no cambiar pañales (días y días me he podido pasar sin limpiar una caca), a no dar purés, a no estar por las mañanas con Mr Pequeñito. Ahora tenemos otras rutinas, le recojo de la guardería (ya hasta viene corriendo hacia mí!), nos echamos unas risas señalando la veleta, pasamos la tarde jugando, damos abrazos y besos a Papá, nos bañamos juntos, y en todo este proceso la lactancia (Té Tá, Té Tá, como dice ya) me ha ayudado muchísimo a centrarme en mi papel de madre profesional.

Lo mejor del mundo, sobre todo los primeros meses, era cuando volvíamos de la guardería y esa conexión que yo sentía que me estaban arrebatando se volvía a crear al darle el pecho. También durante la jornada laboral, cuando estaba en la enésima reunión aburrida del día, recordar que tengo un superpoder (uuuoohhh, de mis tetas puede salir leche ahora mismo!!!) me hacía sentir más real mi papel de madre, y más cerca de Mr Pequeñito.

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